Guía apresurada para regresar a gusto de un viaje fugaz a la capital portuguesa
jueves, 23 de enero de 2014
Genial Pessoa
Nací en un tiempo en que la mayoría de los jóvenes habían de dejado de creer en Dios por la misma razón que sus mayores habían creído en Él - sin saber por qué.
Para mí, la vida es como una posada del camino, donde debo demorarme hasta que llegue la diligencia del abismo.
Soy dos, y entre ambos la distancia - ¡hermanos siameses que no están pegados!
Haya o no dioses, de ellos somos siervos.
Dios es que existamos y que eso no sea todo.
El único modo de que estemos de acuerdo con la vida es que estemos en desacuerdo con nosotros. Lo absurdo es lo divino.
No saber de uno mismo; eso es vivir. Saber mal de uno mismo, eso es pensar.
La artificialidad garantiza el goce de la naturalidad.
No siente la libertad quien nunca vivió oprimido.
Soy como alguien que busca a ciegas, sin saber dónde ocultaron el objeto que no le dijeron qué es. Jugamos a las escondidas con nadie.
La civilización consiste en dar a algo un nombre que no le compete, y después soñar sobre el resultado.
Escribo estas líneas, realmente mal anotadas, no para decir esto, ni para decir cualquier cosa, sino para ocupar en algo mi desatención.
La conciencia de la inconsciencia de la vida es el más antiguo impuesto que recae sobre la inteligencia.
Aquello que, creo, produce en mí el sentimiento profundo, en que vivo, de incongruencia con los demás, es que la mayoría piensa con la sensibilidad y yo siento con el pensamiento.
Me siento tan aislado que puedo palpar la distancia entre mí y mi presencia.
Nos basta, si pensamos, la incomprensibilidad del universo; querer comprenderlo es ser menos que hombres, porque ser hombre es saber que no se comprende.
La única actitud digna de un hombre superior es el persistir tenaz en una actividad que se reconoce inútil, el hábito de una disciplina que se sabe estéril, y el uso fijo de normas de pensamiento filosófico y metafísico cuya importancia se siente como nula.
Vivir es ser otro.
Vivir me parece un error metafísico de la materia, un descuido de la inacción.
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