Lisboa invita a tirar el reloj y a perderse. Tienta
callejear sin prisas por calles adoquinadas que cuentan historias fantásticas. Tienta
empaparse de nostalgia hasta saciarse, tienta perder el norte, caminar sin
rumbo. Tienta rastrear fados escondidos por cuestas imposibles. Tienta el aroma
de los balcones. Tienta extasiarse. Todos los rincones merecen un suspiro, un
instante, una foto. Azulejos desconchados, la ventana rota, una tienda antigua,
el tranvía, los anuncios. Lisboa tiene algo de decadente con sabor actual y
mucho de romántica eterna. Este es un recorrido más de los muchos que pueden
surgir para volver bien impregnado de Lisboa tras una escapada de tres días.
Jueves, 27 de febrero 2014
Aterrizamos a las 18:25. Para llegar al centro de
Lisboa podemos coger el autobús 91 (aerobús). Es lo más rápido y cuesta 3,50€.
Pasa cada 20 minutos y tarda otros 20 en llegar al centro. Tiene una parada en
Rossio, muy cerca de nuestro hotel. Con este billete podemos usar los
transportes de la ciudad durante las 24 horas siguientes a la compra del
billete.
La opción más barata es el metro (1,40€), que nos permite
estar en pleno centro en unos 30/35 minutos (línea roja). Nos bajamos en
Baixa-Chiado y desde allí son 300 m. Quizás lo más interesante sea sacar la Tarjeta 7 colinas (Viva Viagem) en la
tienda de periódicos de la segunda planta. Tienes tarifa plana para circular 24
horas en el Metro, tranvía, autobús, ascensores y elevadores de Lisboa. Cuesta
0,5 € y se puede recargar indistintamente con billetes simples o con viajes
para día completo (6€).
Nuestro hotel (Borges
Chiado) está en Rua Garrett, 108,
en pleno Chiado. (Almeida Garrett fue un escritor
romántico y político liberal de principios del XIX). Es un barrio dinámico,
moderno y popular. Fue totalmente reconstruido tras el incendio de 1998. Las
calles más importantes son la misma calle
Garrett y la calle do Carmo. Prácticamente pegado al hotel está A Brasileira (Garret 122), uno de esos cafés literarios de época
que se mantiene fiel a sus orígenes y que ha contado con una clientela de
intelectuales y artistas, entre los que destaca Fernando Pesooa, por lo que han
colocado una estatua suya en la puerta.

Si tenemos poco tiempo y es hora
de irse a cenar, en la zona y cerca del hotel, en la calle Trindade, tenemos un
local interesante. Es la Cervejaria Trindade (Rua Nova da
Trindade, 20C). Es uno de los clásicos en Lisboa. Ubicada en un antiguo
convento, este sitio puede ser ideal para probar alguno de los platos típicos
del país, como el bacalhau à brás o el bistec a la portuguesa. Buena relación
calidad-precio. En temporada alta hay que hacer cola para entrar.
Si tenemos un poco de margen antes de ir a cenar, puede
ser un buen momento para caminar y empezar a tomarle el pulso a la ciudad. Caminamos
en dirección a la calle do Carmo. Pasamos al lado del Elevador de Santa Justa y
llegamos a la plaza de Dom Pedro IV, más conocida como Praça do Rossio, uno de
los centros neurálgicos de la ciudad, que albergó un hipódromo en época de los
romanos.
Pasamos por delante de la estación de Rossio, que tiene una espectacular fachada
neo-manuelina con puertas en forma de herradura. Dejamos a la derecha el Teatro Nacional Dª. María II y
continuamos hasta la plaza Restauradores,
con un gran obelisco central que conmemora la liberación de España. Aquí
empieza la Baixa. Una pequeña calle
peatonal a la derecha es la Rúa das
Portas de Santo Antao. En el 58 se encuentra Casa do Alentejo, un sitio especial en el que el lugar en sí (un
palacete mudéjar) es mucho más importante que la comida. Es preferible la carne
que el bacalao y tiene buen precio el vino del Alentejo. Muy buenas las migas
al estilo alentejano. Unos 20€ por cabeza. Está concurrido y cierra pronto.
Hacemos el regreso callejeando hasta el hotel. Podemos pasar
por el café más famoso de Lisboa, el Nicola,
inaugurado hace más de 200 años que durante un siglo fue una librería. Antaño lugar
de reunión de la intelectualidad lisboeta y ahora de turistas de todo el mundo.
Hay hasta una estatua del poeta Bocage, asiduo del local. El interior invita a
permanecer aunque es muy caro (té con leche 3,7 €). Si es sólo tomar un café rápido,
los precios son mucho mejores en la barra.
Podría ser una buena idea para rematar el día. A Ginjinha, en una callejuela al lado
de la plaza do Rossio, Largo de Sao
Domingos, 8. La ginjinha es un licor hecho con aguardiente y ginja
(guindas). Este es el primer establecimiento que comercializó esta bebida,
inventada por un fraile gallego de la iglesia de Santo Antonio. Es un minúsculo
local donde se toma este famosísimo licor de guindas en la calle porque dentro
no hay sitio.
Viernes, 28 de febrero
Para empezar curioseando, en el 83 de nuestra misma calle,
escondida dentro de United Colors of Benetton está Fabrica Features, una tienda
un tanto especial, en la que venden artículos de papelería-diseño-menaje
original-libros-regalos creativos, decoración, bolsos... y un largo etcétera
Caminamos hacia la Rúa do Carmo a tomar el elevador de
Santa Justa. Muy
llamativa por diminuta la tienda de guantes que hay en el 87, Luvaria Ulisses. Llegamos
al Bairro Alto gracias a este ascensor tan peculiar. Al atravesar la pasarela,
después de disfrutar de las vistas del Castillo de San Jorge y buena parte de A
Baixa, nos encontramos con este inmenso esqueleto arquitectónico que es el
Convento do Carmo.
La iglesia del Monasterio o convento do Carmo era la
mayor iglesia gótica de la ciudad. Permanece en estado ruinoso desde el terremoto
de 1755. Es uno de los perfiles reconocibles de la ciudad. Llama la atención
como monumento testimonio del pasado, tanto en su forma como en el contenido
del Museo. Un lugar fascinante, algo fantasmagórico, sin techo, una figura
derruida. La entrada (3 €) permite el acceso al Museo Arqueologico que está en
su interior (llamativas dos momias peruanas del siglo XVI).
Desde aquí vamos a ir caminando hasta la Plaza da Figueira.
Tomaremos allí el tranvía. Aunque
lo habitual es coger el mítico 28, vamos a tomar el 12, un amarelo que hace un
recorrido circular y que permite tener una idea de buena parte de la ciudad.
Hay menos turistas, mucha menos gente y menos carteristas. De lo que se trata
es de hacer el barrio de Alfama de arriba abajo.
Lisboa, la ciudad de las siete colinas, es ideal para ver
desde las alturas. Por eso, uno de sus puntos fuertes son los miradouros. Nos bajamos en la parada más próxima a Portas do Sol. Allí hay un mirador que
tiene buenas vistas de Alfama y el Tajo. Muy cerca, otro mirador famoso, el de Santa Luzía. Entramos a visitar el
castillo de San Jorge. Las
vistas de la ciudad son las mejores. Lo peor, las escaleras. Si no queremos
entrar, las vistas desde el Mirador de
Graça son similares y gratuitas.
Si la hora es la adecuada, bajando por la Rua Costa do Castelo, nos encontramos
con el Chapitó, en el que se puede
parar a tomar una cerveza. Es un curioso local en el que hay una asociación
cultural, una escuela y se montan espectáculos esporádicamente. Es original y
adecuado para tomar una caña y una tapa, con una terraza estupenda. La comida no
es nada especial y, desde luego, menos espectacular que las vistas.
Continuamos bajando hasta la Sé Catedral (Santa María la
Mayor). La Catedral de Lisboa
resultó seriamente dañada por tres terremotos a lo largo del siglo XIV, y de
nuevo por el de 1755. Ha sido restaurada varias veces a lo largo de su vida, de
forma que lo que actualmente podemos contemplar es una mezcla de estilos
arquitectónicos.
Vamos a pasar muy cerca y podemos acercarnos a una tienda
que puede ser curiosa para visitar, A
Conserveira de Lisboa, (Rua dos
Bacalhoeiros 34), un sitio especial donde se venden nada más y nada menos
que conservas de pescado, que figura en la Guía Michelin. Una
oferta de más de 125 latas diferentes desde el caviar de
los huevos de sardina hasta trozos tiernos de ventresca de atún. Los
accesorios de la tienda son los muebles de madera y vidrio
originales de 1930
Desde allí estamos a un paso da Casa dos Bicos, edificio histórico situado en la Rua dos Bacalhoeiros, que desde 2012 es
la sede de la Fundación José Saramago.
Frente a ella, bajo un olivo traído desde Azinhaga,
su pueblo natal, reposan las cenizas del premio Nobel.
Si se tercia, podemos pasar a un sitio curioso que está
muy cerca, en el número 18 de la Rua dos
Bacalhoeiros. Se llama Lisbonita
(Taberna Moderna) y la novedad radica en que ofrece la posibilidad de tapear
con gin tonic. Es el primer bar de ginebra de Lisboa. Su propietario es
gallego, Luís Carballo.
Caminando a lo largo del puerto llegamos a Largo do Chafariz de Dentro, 1, donde
está el Museo del Fado íntegramente
dedicado a la canción urbana de Lisboa (cierra a las 18 h, 5 €), un lugar ideal
para introducirse en la historia y los ambientes del fado, instrumentos,
fotografías, discos, partituras y vestuario.
El remate lo haremos un poco más allá, en el número 176 de la Rua dos Remedios.
Se llama Sr. Fado. Casas de fado en
Lisboa hay para todos los gustos, pero la mayoría son sitios especialmente
enfocados a los turistas. Es difícil vivir el fado de una forma un poco más
auténtica. En este caso se trata de un local muy pequeño (unas 8/9 mesas), que
se cierra cuando se completan las reservas. Los dueños, Duarte Santos y Ana Marina, se encargan de todo, cocinan y sirven
las mesas. La carta es variada pero la especialidad es la cataplana de pescado y
marisco. Comida decente y muy abundante. Una vez acabada la cena el Sr. Duarte
y su mujer se transforman y de hosteleros se convierten en fadistas, La velada
se hace larga. La cena empieza a las 20:30 h.
Al salir podemos coger de regreso el metro allí al lado
(en Santa Apolonia, línea azul) y
llegar hasta Baixa Chiado. Si la
noche es agradable y decidimos volver paseando,
son 1,9 km (hasta plaza do Comercio y luego Rua Nova de Almeida hasta Garrett).
Sábado, 1 de marzo
Con objetivos claros y tentadores vamos a dedicar la
primera parte del día a Belem. Allí
nos esperan la Torre de Belem, el
Monasterio de los Jerónimos, el Monumento a los descubrimientos y los Pasteis de Belem.
Lo primero que hacemos al salir, es pasarnos por Rua Anchieta 11, para entrar a conocer
un comercio muy especial, A vida portuguesa. Está al lado
del hotel. A Vida Portuguesa tiene la siguiente filosofía "Los objetos son
capaces de contar historias extraordinarias y reveladoras sobre un pueblo y sus gentes". Los anaqueles de A Vida Portuguesa combinan ingredientes de tienda de ultramarinos,
de droguería, libros, carteles, regalos, pequeñas cosas relacionadas con el
diseño, lo vintage y la decoración, con una estética muy actual. Productos
artesanales que habían definido la vida cotidiana del país: jabones, estuches
de pinturas, cerámica popular, ropa de casa, juguetes rudimentarios, cremas de
manos, estropajos, galletas, conservas…
Bajamos hasta la plaza del Comercio. En el número 3
podemos ver el famoso café Martinho da
Arcada, el legendario café literario. Es uno de los sitios donde Saramago
escribía algunas notas en sus viajes a Lisboa y ya Pessoa lo había hecho conocido
en sus tiempos. En la decoración abundan las fotos de poetas y escritores y
artistas portugueses. Se inauguró en 1778 como Café da Neve.
El tranvía número 15E (desde Cais do Sodré, en la Plaça do
Comercio) tarda unos 20 minutos en llegar, bordeando la costa. Nos podemos
bajar en la parada de Belém si queremos caminar y ver un poco el barrio, o en
Belém-Jerónimos si queremos ir directamente al grano.
Una alternativa interesante puede ser hacer el recorrido en bicicleta. Son 7 kilómetros hasta Belem. En Largo Corpo Santo, 5 (lo encontramos caminando por Rúa do Arsenal hacia Cais do Sodré) está Bikeiberia. Personal muy atento.
Una alternativa interesante puede ser hacer el recorrido en bicicleta. Son 7 kilómetros hasta Belem. En Largo Corpo Santo, 5 (lo encontramos caminando por Rúa do Arsenal hacia Cais do Sodré) está Bikeiberia. Personal muy atento.
El Monasterio de
los Jerónimos es una de las visitas obligadas. Patrimonio de la Humanidad
por la belleza arquitectónica de su iglesia y su claustro. El Monasterio
sobrecoge por su tamaño y grandiosidad (sólo la fachada mide 300 metros).
Comenzó a construirse en 1.492 pero las obras duraron un siglo. Fue un encargo
del Rey Manuel concebido como un gran panteón para reyes y personas importantes
de la sociedad portuguesa. Es la principal obra del estilo manuelino. Merece la pena visitar las tumbas de Vasco
de Gama y del poeta Luis de Camoes, allí enterrados. Ya en el Claustro,
en el ala norte, se encuentra la tumba de Fernando
Pessoa.
La visita puede alargarse bastante si decidimos visitar
el Museo Nacional de Arqueología
(en el mismo edificio) y el Museo de la
Marina (justo al lado). Tras terminar la visita, justo delante del
monasterio, se encuentra el Jardim
da Praça do Império, un bonito parque.
Enfrente, al otro lado de la autopista, se encuentra el Monumento a los Descubrimientos, en
homenaje a los grandes descubridores portugueses, como Vasco da Gama o Fernando
de Magallanes. La mejor vista del conjunto de Belem se tiene desde el Mirador de los Descubrimientos, en el
séptimo piso, al que se accede mediante un ascensor en el interior del monumento.
Se ve el Monasterio, el puente del 25 de
Abril, el río Tajo y la Torre de Belém. Además, desde arriba, se aprecia sobre
el suelo el dibujo de una enorme brújula de 50 metros de diámetro con el
trazado de las rutas de los descubridores.
La Torre de Belém
es otro de los muchos monumentos estilo manuelino de Lisboa, un estilo
típicamente portugués con cierto parecido al gótico. Declarada Bien de Interés Cultural por la Unesco.
Construida por el rey Manuel para conmemorar el viaje de Vasco da Gama a las
Indias. Se utilizó como torre de defensa aunque tuvo otros usos diferentes (aduana,
faro y prisión).
Para comer algo, lo suyo es pasear por la Rua Vieira Portuense, que corre a lo
largo de un parque con pintorescas casas de los siglos XVI y XVII, en cuyos
bajos se ubican numerosos restaurantes. Uno recomendable es el Montenegro, en el número 44. Pescados y
platos tradicionales. Buen precio.
Después hay que pasarse a disfrutar de los deliciosos
pasteis de Belém. Hay gente que dice que antes que sus monumentos y sus
barrios, lo más importante de Lisboa son los pasteles de Belem. El sitio es la Antiga Confeitaria de Belém, abierta en 1837
en la Rúa de Belém, 84-92 (paralela a Vieira Portuense). Su fórmula es el secreto
mejor guardado de Portugal. Dependiendo de las ganas podemos visitar el Museo Nacional de Carruajes o
volver hacia el centro de Lisboa.
La vuelta al centro de Lisboa la podemos hacer en tranvía
o caminando por el largo paseo al lado del Tajo (unos 7 km). Si tenemos tiempo
y nos interesa, de camino podemos visitar la antigua nave industrial de LX Factory (Rua Rodrigues de Faria, al lado del puente 25 de Abril) reconvertida
en modernos espacios de diseño, exposiciones, conciertos, performances y otras
expresiones artísticas. Si vamos en el tranvía podemos parar. Está a 10 minutos
de la plaza do Comercio.
Si queremos cenar tomando unos petiscos con un vino,
podemos acercarnos cerca del hotel, a la Taberna
da Rua das Flores (Rua das Flores
103), una antigua mercería reconvertida en taberna, un sitio pequeño con
encanto. Es una taberna actual sin pretensiones de gran restaurante pero con
personalidad. Un vinito acompañado de una tapa de higos con queso de cabra
puede no ser mala idea.
Podemos también acercarnos hasta Largo Academia das Belas Artes 18-20, (bajando a la Plaza do
Comercio) donde está Tágide wine tapas.
El Tágide es un restaurante emblemático
de Lisboa, que abrió en el piso inferior un espacio dedicado al tapeo. Cuenta
con una fantástica vista. Es mucho más informal que el restaurante pero
mantiene su elegancia. Los precios son muy asequibles y las tapas muy
elaboradas.
Ahora bien, si lo que pretendemos es cenar un buen arroz
de marisco, seguramente el sitio más adecuado es el restaurante Río Coura, en Rua de Augusto Rosa 30. Buena relación calidad-precio. La ración para dos cuesta 15€ y
da para 4 platos bien servidos. El vino de la casa, la media jarra 2,5€. También
tienen fama las sardinas a la brasa, 6€ y el pulpo con patata, 7€. (218 869 867)
Otro sitio
en el que la calidad del arroz de marisco es buena y el precio acompaña es el restaurante Uma, en Rua dos Sapateiros 124. Una decoración
y un servicio sin grandes lujos pero un arroz caldoso excelente. Es
recomendable llamar para reservar porque suele estar lleno (00351213422512).
Domingo, 2 de marzo
Es un buen momento para replantearse la posibilidad de
acercarse a aquellos sitios que teníamos intención pero no hemos podido visitar
y que no queremos irnos sin conocer. Tenemos margen. Aproximadamente hasta las
13 horas. La salida de nuestro vuelo es a las 15:10, hay que estar en el
aeropuerto a las 14 horas.
En caso de que no haya nada pendiente, una buena idea
puede ser meternos a conocer algo de la nueva Lisboa. Desde la plaza Restauradores (en la que hay que
ver la fachada del Teatro Edén) nos
echamos a andar por la Avenida da
Libertade la más importante de Lisboa, que acaba en la Plaza del Marqués de Pombal, donde comienza la moderna Lisboa.
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